Cada año nos preguntamos de dónde vienen las historias contadas. Muchos podrán decir que ya se contaron todas y que simplemente venimos viendo un bucle de narrativas. Eso, para mí, podría ser cierto, pero luego tenemos la oportunidad de encontrarnos con las nominaciones de la academia a mejor corto animado y vamos entendiendo que no se trata del qué sino del cómo. Aquí, el reto es encontrar los filmes para verlos y maravillarse. Sin embargo, este año tuve la oportunidad de ver 4 de los 5 cortos nominados y quiero contarles qué pasó por mi mente luego de verlos.
Forevergreen
Una pieza que propone con una dulzura genuina la inocencia e instinto de la vida salvaje. Fondos increíbles, un despliegue artístico que la hace única. Técnicas 3D que creemos poder palpar y la magia del mensaje que nos deja poder experimentar en comunidad la maravilla de contar historias. Son este tipo de narrativas las que nos permiten reflexionar, pero también animarnos a reconocer en el otro que somos casi que una masa de individuos viviendo cosas que nos pueden cambiar y, así, tal vez cambiar el mundo de quienes nos rodean.
Las tres hermanas
Como primer vistazo (y este es el único filme que no pude ver) parece demasiado simple, pero da curiosidad ver cómo se desarrolla una película que, desde la comedia, busca contar sus historias. Podría ser un refresco de tanta seriedad y desligarnos un poco. Casi que sacudirnos de ese traje de gala que llevamos cuando queremos sentarnos a ver un filme y salir con las palabras más profundas. A veces lo importante es disfrutar del presente, justamente desde propuestas narrativas que nos alegran.
Mariposa
¿En qué pensamos cuando nadamos? Un ir y venir de una mente concentrada en un movimiento mariposa. Las olas, el mar, la remembranza que nos deja un nudo en la garganta mientras esperamos el próximo recuerdo que se convierte en animal o burbuja o cárcel. Somos las experiencias que vivimos, no lo podemos evitar. Todos quienes nos acompañaron vivirán siempre que los tengamos en la punta de la lengua o detrás de los ojos cuando los cerramos. Una película pintada con pinceladas llenas de intención que nos recuerdan que en este mundo siempre nos queda entregar lo mejor de nosotros.
La niña que lloraba perlas
Hay películas que te atrapan visualmente al instante, y luego son los textos y subtextos los que permiten que te quedes. La niña que lloraba perlas no es solamente un stopmotion bellísimo, sino oscuro y con un ritmo que te mantiene ahí. Memorias de una época que ya no existe y es difusa, oscura, fría y que se escapa de la mente. Recordar las relaciones que tenemos con quienes nos enseñan casi como un deber y entender el valor de la palabra, el verbo, aquello que no se dice no existe y es por eso mismo que las perlas venidas de lágrimas existen, porque se dijeron en voz alta. Una conmovedora historia que, como toda mentira, contiene algo de verdad.
Plan de retiro
Todo el tiempo que no existe dicho en “cuando pase esto, hago esto” y las cosas que queremos hacer proyectadas en momentos que aún no llegan, como si el ahora fuera un fantasma o eso que no alcanzamos a agarrar en el abismo de la existencia y nos perdemos esperando ser sin realmente ser. Esta película de cierta manera nos recuerda eso. Tal vez el libro que no has leído, o los juegos que no has jugado, o las cosas que no has intentado las puedes hacer todas ahora, no al tiempo, pero sí a tiempo. No estamos perdidos en nosotros, sino más bien que tratamos de hacerlo todo como podemos cuando podemos. Una carta preciosísima a sí mismo, casi que Ray podemos ser todos nosotros, con una animación de una simpleza que golpea en la cara y un anhelo por cumplir todo lo que quisiéramos.